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  • el gallo de asclepio

«¡Venceremos!» o del amor por la prosopopeya


Estamos asistiendo estos días a una forma en el uso del lenguaje que no habrá pasado desapercibida para muchos. En primer lugar, la afectación en la forma de expresarse (principalmente entre quienes nos gobiernan). Todo son frases con pretensiones de pasar a la historia y sentidos discursos, o como diría Orwell: «jerga aburrida, pesada y pedante». Y en segundo lugar, la intención de dotar a un virus (en este caso el SARS-Cov-2) de unas cualidades que no posee: entendimiento, intención de hacer el mal, &c.


Ambas deformaciones son expresiones de lo que se conoce como «prosopopeya». Según el diccionario de la RAE «prosopopeya» es, en su primera acepción, la «atribución, a las cosas inanimadas o abstractas, de acciones y cualidades propias de los seres animados, o a los seres irracionales de las del ser humano»; y en su segundo sentido la «afectación de gravedad y pompa».

De este segundo punto solo diré, arrojándome de nuevo en los brazos de Orwell, que el «indigesto potaje de palabras» que nos vemos obligados a oír «ha hecho poco por preservar la moral; se ha limitado a servirse de las reservas existentes de buena voluntad».



Sobre el primero llama la atención, y mucho, como se ha extendido (casi al mismo ritmo que el virus) el lenguaje de «de guerra»: «somos 47 millones de españoles, 47 millones de soldados que tienen una misión» decía en rueda de prensa el Jefe de Estado Mayor de la Defensa, el Presidente del Gobierno habla de «la guerra contra el coronavirus» y hay quienes dicen estar «en su puesto, en guardia permanente». Porque el solo hecho de emplear un lenguaje bélico nos pone, inevitablemente, delante de un enemigo que, según se nos ha dicho «no entiende de ideologías». En realidad no entiende de nada, porque un virus carece por completo de entendimiento.


Lo que parece esconder este entusiasmo por la prosopopeya (que en pequeñas dosis es perfectamente recomendable) es, sin embargo, una interesante cuestión: la posible incapacidad de nuestros dirigentes para expresar en lenguaje claro, popular y cotidiano la realidad de la situación que estamos viviendo sustituyendo la verdad por un sucedáneo más usado de lo que sería aconsejable, la apariencia de verdad.


No, el SARS-Cov-2 no es malo, ni tampoco bueno, el virus no está en guerra, no ha programado una estrategia de batalla, ni está pensando en la victoria… El SARS-Cov-2 es un «organismo de estructura muy sencilla, compuesto de proteínas y ácidos nucleicos, y capaz de reproducirse solo en el seno de células vivas específicas, utilizando su metabolismo». Sería deseable que salieran, además de los que ya salen, más epidemiólogos, médicos, biólogos, &c. a explicar a qué nos enfrentamos. Porque la solución a este enorme y desgraciado problema no es declarar una guerra, sino escuchar a los realmente saben de lo que están hablando, seguir sus consejos e intentar superar esta crisis sanitaria lo antes posible.

© 2016 por el gallo de asclepio.

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