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La timidez

«Y en esto es de considerar que hay hombres esforzados y hay hombres atrevidos entre los cuales hay muy grande diferencia, porque el esforzado antes del peligro va con el ánimo compuesto y considerado. Y en el peligro es después constante y firme. Y al contrario el atrevido va inconsiderado y antes del hecho sin consideración alguna furiosamente corre al peligro. Y en el hecho se envilece y desmaya.» Sebastián de Horozco, Libro de proverbios glosados, siglo XVI.

La timidez es, sin ningún género de duda, un gran mal para quien pretende hablar en público. No es nada extraño encontrar en Internet todo tipo de consejos para superar ese apocamiento que asola las buenas ideas de algunos cuando pretenden ponerlas en común con más personas. Y tampoco es infrecuente encontrar la solución en formato de fórmula mágica: «cinco pasos para vencer el miedo a hablar en público», «seis formas de superar la timidez», &c.


Salvo que se obre un milagro (que ya les digo que lo veo complicado) se encontrarán con que después de seguir las indicaciones de esos «expertos» es probable que sigan sintiendo esa sensación de desazón y pánico al presentarse ante un auditorio. ¿Por qué? Pues porque, sencillamente, no existen fórmulas mágicas.


No maten a la mensajera. Sé que he sido dura, pero cuanto antes se entienda que la oratoria y la capacidad para hablar en público requieren trabajo y dedicación, antes nos libraremos de charlatanes y chamanes de la palabra. Vencer la timidez requiere, en primera instancia, seguridad, pero no de esa que provoca que uno vaya por la vida creyendo que lo hace todo bien, sino seguridad en el trabajo bien hecho. La seguridad que se consigue cuando se sabe de lo que se habla.

Preparar las intervenciones es algo imprescindible si, como mínimo, queremos evitar equivocarnos, y que la cosa sea un éxito ya dependerá del conocimiento de la Oratoria que tenga cada uno. Y si bien es verdad que habrá personas con mejor predisposición que otras para esta materia, al igual que hay gente a la que se le da mejor cantar que a otras, el estudio y la preparación nos asegurarán más posibilidades de triunfo.

En cualquier caso, superar la timidez es posible con grandes dosis de confianza: confianza que se consigue trabajando la intervención o el discurso.

Y aunque soy consciente de que casi todo lo que les he dicho es una perogrullada, una obviedad, no deja de ser interesante recordarlo para evitar esa idea de que la capacidad para hablar en público es un don o algo con lo que se nace.

Y despachada la existencia de la timidez déjenme que termine hablando de su ausencia. No es audaz quien se lanza a la plaza pública sin saber qué decir, ni cómo decirlo, y tampoco es considerado, porque no ir preparado es faltar al respeto a quien le oye. Quien hace esto es atrevido, y como decía Sebastián de Horozco en su Libro de proverbios glosados «el atrevido va inconsiderado y antes del hecho sin consideración alguna furiosamente corre al peligro». No se detengan, por favor, a escuchar a nadie así.


#Oratoria #Comunicación

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