La discusión

«Esa manía de las discusiones públicas es otra de las cosas que más gracia me hacen. Yo rehuyo el discutir siempre que puedo. A nada conduce.» Miguel de Unamuno, Carta a Víctor Said Armesto.

A nadie se le puede escapar (o, al menos, no debería) que para salir victorioso de una discusión el arma de la Oratoria es muy poderosa. La Oratoria no solo sirve para «aprender a hablar en público» (expresión que por manida ya suena a charlatanería), sino también para debatir con cierta garantía de éxito.


¿Se imaginan un debate actual enmarcado en las reglas y consejos de Schopenhauer, Cicerón o Quintiliano? Lo cierto es que las enseñanzas de los clásicos siguen muy vivas en las discusiones de hoy (aunque quienes debatan no tengan ni idea de que están usando las directrices marcadas por aquellos).


Enfadar al adversario para impedir que pueda razonar con claridad, percatarse de aquellas cuestiones en las que nuestro adversario ha dudado para incidir en ellas sin posibilidad de que escape hacia el cobijo de otras cuestiones que le sean más cómodas, usar el argumento de autoridad (apelando a terceros) en cuestiones que no se dominan sin necesidad de tener que demostrarlas, &c., son algunas de las «artimañas» que se emplean en las discusiones.



Pero más allá del vasto «cuerpo normativo» del que disponemos para encarar una discusión, la realidad de los debates actuales es que están en peligro de extinción. «¿Pero qué locura está diciendo?», se estarán preguntando, «¿Acaso no hay debate abundante en las redes sociales?». Mi respuesta es clara: definitivamente no.


Lo que hoy se hace en redes sociales (salvo minúsculas excepciones) no es discutir, aunque tenga apariencia de ello. Discutir tiene su origen en la palabra latina «discutere» que significa «disipar», «resolver». Y ya me dirán ustedes si quien se ha profesionalizado como «discutidor» en redes sociales tiene intención de resolver algo, de disipar alguna duda, o, simplemente, de ofender y parecer más listo que otro.


Las redes sociales, lejos de lo que pueda parecer, no son la nueva plaza pública, sino la antítesis del debate: nadie quiere oír y todo el mundo quiere decir (aunque lo dicho sean auténticas mamarrachadas). Y sin escuchar atentamente y hablando sin sentido, lo que encontramos es más diálogo de besugos que debate.


Las redes sociales se asemejan más a un escaparate que a un foro de debate y así es como deben ser usadas: como escaparate de nuestras ideas, vacaciones, filias, fobias, fiestas o lo que cada uno tenga a bien. Con su permiso, me permito parafrasear a Unamuno y terminar diciendo que «las discusiones públicas en las redes sociales a nada conducen». No se trata de no discutir, se trata de saber dónde hacerlo.


#Oratoria#Comunicación#Pensar#Hablar

© 2016 por el gallo de asclepio.

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