La charlatanería

  • «¿Cómo sin abrir un libro / por esas calles te vas / haciéndote el corifeo / de los grajos del lugar? / Y con ellos tragas, brindas, / y engordas como un bajá, / y duermes tranquilo, y nadie / sospecha tu necedad. / Dime si podré adquirir / ese don particular, / dame una lección siquiera / de impostor y charlatán, / y verás como al instante / hago con todos la paz, / y olvido lo que aprendí / para lucir y medrar.» Leandro Fernández de Moratín, Poesías completas.

Lidiar con la mentira (al igual que hacerlo con la verdad) no es un un asunto fácil, así que quizá por eso triunfe lo que se percibe como el justo medio: la charlatanería.

Un charlatán es, según la RAE, aquel que habla mucho y sin sustancia. Expulsa palabras que parecen querer decir algo, pero que no dicen absolutamente nada; y, sin embargo, embelesan al respetable con la misma facilidad con la que el flautista hechizaba a las ratas en Hamelín.

Parece claro que a nadie (a nadie en su sano juicio, en entiende) se le ocurrirá incluir como mérito la charlatanería y, sin embargo, se ha convertido en una parte esencial de muchos discursos. Se tolera al charlatán en tanto que su discurso tiene apariencia de erudito, prolijo, abundante… aclarémoslo: en la nada.


Segun el filósofo estadounidense Harry G. Frankfurt la tolerancia con el charlatán tiene que ver con su indefinición en asuntos de verdad o mentira: el charlatán no dice toda la verdad, ni dice todo mentiras. Adereza sus discursos con pizcas de verdad y suelta alguna que otra mentira. Es el maestro de la media verdad, pero nunca podrá decirse de él que es un mentiroso.


Si alguien dice, por ejemplo, que es quien más ha favorecido el diálogo en su comunidad de vecinos porque ha convocado 13 reuniones en los últimos tres meses, con un total de 60 horas, no estaría mintiendo (dando por supuesto que, efectivamente, lo ha hecho y puede demostrarlo); pero tampoco estaría diciendo la verdad si en esas reuniones no se hubiesen podido tratar los asuntos que afectan a todos los vecinos y solo se hubiese hablado de, por ejemplo, las humedades en el piso del presidente.

La principal habilidad del charlatán no es tanto la mentira (que también), cuanto poner el foco en lo accesorio, haciendo que lo secundario sea percibido y aceptado como el principal pilar argumentativo y (lo más importante y perjudicial) como verdad absoluta.

El charlatán, más que mentiroso, es necio, de ahí que también sea más dañino: siempre es mayor el estropicio del torpe que del embustero.

#Oratoria #Comunicación #Hablar #Pensar

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