Buscar
  • el gallo de asclepio

La cólera

«Se puede tomar un poco de cólera y subir la voz y tono, con tal que no llegue a ira, con la cual ninguna cosa se puede bien decir ni hacer, según Tulio» Juan Arce de Otárola, Coloquios de Palatino y Pinciano, 1550.

Se habrán dado cuenta de que los niños gritan. Y no lo digo como afirmación general (que también: los niños gritan), sino que me refiero a la costumbre de poner a decir a menores en la plaza pública lo que es, sin duda, cosa de mayores.


El ejemplo más global de lo que quiero decir es la sueca Greta Thunberg, cuyo discurso enfurecido en la sede de la ONU se hizo viral y fue aplaudido y alabado por una buena cantidad de personas; y más recientemente hemos podido ver a Yolanda Renee King, nieta de Martin Luther King, hablando ante miles de personas en Washington.


No entraremos en el fondo de estas intervenciones (porque no es el asunto de hoy), sino en la forma: el enojo que destilan ambas. Les digo de antemano que si han superado la veintena (quizá la primera quincena de su vida) ni se les ocurra acudir a un foro público con semejante elocución en su cabeza, porque fracasarán estrepitosamente. Lo que en Greta y Yolanda se interpreta como «franca expresión de verdad», en ustedes será «una total y completa incapacidad de controlarse y comportarse como es debido».


Tampoco es nada nuevo esto de tolerar en los menores lo que no se toleraría en un adulto de ninguna manera. Véase, por ejemplo, cuando un adorable infante dice un taco especialmente ordinario y los adultos que le acompañan ríen o sonríen porque les hace gracia. Insisto: no lo hagan ustedes porque los adultos que le acompañen no se reirán.


El asunto es que este tono enfurecido parece que se ha apoderado del discurso en ciertos ámbitos, especialmente el de la protesta «anti sistema» (si creen que iba a decir «crítica» es que no han leído este artículo), y parece que si no hablas a voz en grito tus palabras no son tan eficaces. Nada más lejos de la realidad.

Sin negar que en ocasiones pueda surtir efecto una voz más alta que otra, no debemos tomar por norma esto de hablar a gritos (principalmente, porque agota al oyente). Como tampoco hay que adoptar por norma ese tono de sermón parroquial con el que se dormirían hasta las piedras y que da la impresión de que quien lo ejecuta se ha tomado varios tranquilizantes.

No es fácil, no nos engañemos, encontrar el tono adecuado cuando se habla en público, pero eso no es excusa para acomodarse y torturar al oyente con un descontrol de las pasiones tal que ponga a la audiencia al borde del ataque de nervios.

Como en esto de hablar en público, afortunadamente, ya está todo dicho (que no le engañen), acabo con una recomendación del siglo XVI que sigue vigente hoy: «es menester que la oración se diga con fuerza y eficacia, pero no con tanta hinchazón que vayan las palabras como zampollas, que esto es odioso y reprobado.» #Oratoria #Comunicación #Hablar #Pensar contacto@elgallodeasclepio.es

© 2016 por el gallo de asclepio.

  • Facebook de el gallo de asclepio
  • White Twitter Icon
  • Instagram de el gallo de asclepio