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El gallo

«Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además, de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad.» Platón, Fedro.

En un mundo en el que «lo que parece» es más importante que «lo que es», no resultará complicado encontrar a quienes te aseguren una buena técnica para hablar en público que tenga más que ver con la apariencia que con la verdad.


La Oratoria, a lo largo de su larguísima historia, ha vivido varias e importantes «crisis reputacionales», y todas han estado relacionadas con el engaño: con la sospecha de que quienes enseñaban a hablar a los demás no eran más que maestros de charlatanes. Lamentablemente, esto siempre ha tenido que ver con la renuncia a reconocer sus orígenes, que se encuentran en la Filosofía, y querer vestirse con el traje de la objetividad científica.

La bata blanca ha tomado por la fuerza a la Oratoria y, además de provocar el abandono de Platón, Aristóteles, Quintiliano o Cicerón (que, dicho sea de paso, ya lo hicieron todo en este terreno), ha provocado también la renuncia a lo más importante: la verdad. Decía Platón en el Fedro, por boca de Sócrates, que «un arte auténtico de la palabra que no se alimente de la verdad, ni lo hay, ni lo habrá nunca». Y en La República advertía de los peligros de ser educados («jóvenes y viejos, hombres y mujeres») por sofistas sin escrúpulos «que corrompen en grado digno de consideración».

Fue su maestro, Sócrates, un gran orador (quizá el más grande) del que nadie se acuerda hoy. No escribió ni una sola letra y toda su fuerza se basaba en la potencia de sus palabras. En el Fedón, otro de los diálogos platónicos, que narra las últimas horas del ateniense tras ser condenado a muerte, encontramos cuales fueron sus últimas palabras. Rodeado de sus más queridos discípulos se dirigió a Critón y dijo: «no te olvides de devolverle el gallo a asclepio». Y por eso, querido lector, esta aventura se llama «el gallo de asclepio».


#Oratoria #Comunicación #Hablar #Pensar

© 2016 por el gallo de asclepio.

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