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  • el gallo de asclepio

El asno y el caballo


«Y por aquí adelante fue encarando mentiras con tal labia y eficacia que hacía a todos estar atónitos y embelesados oyéndolo, que, como Quintiliano dice, los idiotas y charlatanes con más ánimo, fuerza y eficacia dicen y persuaden lo que quieren al pueblo, que los muy doctos.» Juan Méndez Nieto, Discursos medicinales (1606-1611).

Una de los empeños más recurrentes a lo largo de la historia de la Oratoria ha sido el de aclarar que no todos los oradores son charlatanes, ni todos los charlatanes son oradores.

La distinción entre unos y otros estribaría, principalmente, tal y como cuenta Platón en el Fedro, en el conocimiento de la materia que tratan. Pero también, y esto es muy importante, en el conocimiento que de esa materia tengan quienes les escuchan.

Un buen orador será docto en la materia que habla y no importará cuánto sepa de ella el público al que se dirige, porque sabrá explicar el asunto al nivel que se merecen para hacerlo comprensible. Eso sí, tendrá que saber (ya lo hemos repetido muchas veces) a quién se dirige (si a expertos o a legos) para poder adecuar su discurso.

Un charlatán sólo necesitará saber si el público al que habla sabe mucho o poco del asunto que va a tratar, y cuanto menos sepan mejor, ya que resultará más fácil embaucarles. Y no importará si él sabe mucho o poco, porque como quienes le oyen no saben nada, no podrán rebatirle ni una sola palabra… Y así el bobo, pasa por sabio.


Sócrates (en el Fedro) le explica bien a su joven amigo esta cuestión: «si yo tratara de persuadirte de que compraras un caballo para defenderte de tus enemigos, y ninguno de los dos supiéramos lo que es un caballo, si bien yo pudiera saber de ti que crees que el caballo es ese animal doméstico que tienen más largas orejas […] haría un discurso en el que alabase al asno llamándolo caballo».



Un charlatán, el que ignora de lo que habla, el que elude la verdad y solo aparenta tenerla, no es solo dañino porque tenga intención de engañar (que de estos hay y muchos), sino porque ni tan siquiera sabe que los frutos de su ignorancia pueden tener consecuencias fatales.

Sigue Sócrates diciendo a propósito del asno que pasó por caballo: «a una ciudad a la que [el charlatán] la persuade no sobre la “sombra de un asno”, elogiándola con si fuese un caballo, sino sobre lo malo como si fuera bueno, y habiendo estudiado las opiniones de la gente, la lleva a hacer el mal, el lugar del bien, ¿qué clases de frutos piensa que habría de cosechar la retórica de aquello que ha sembrado?». Nada bueno.

Ahora les pido que trasladen lo que Platón escribió en el siglo V a.C. a la actualidad y piensen en lo que ocurre con los bulos y las redes sociales. Están plagadas de personas que, sabiéndolo o no, quieren hacer pasar asnos por caballos, pero también de un público que (como dice la cita que he utilizado para comenzar) se deja persuadir por «los idiotas y los charlatanes». No es tarea fácil identificar y desenmascarar a un charlatán, pero no por ello tenemos de cesar en ese empeño.


#Oratoria #Comunicación #Pensar #Hablar


© 2016 por el gallo de asclepio.

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