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¿Conciliar para qué?

Se habla tanto de conciliar estos días que la pregunta es inevitable: ¿conciliar para qué? Los escenarios que se nos ofrecen se podrían asemejar a una arcadia feliz en la que tras una jornada laboral de ocho horas, más o menos satisfactoria, retornamos a nuestros hogares a disfrutar de una vida familiar digna de Instagram (feliz y armoniosa). Esta es la teoría… pero la práctica, queridas y queridos (desdoblamiento de género forzoso), la práctica ya es otra cosa.


Porque la tan ansiada «conciliación» esconde un lado oscuro y perverso ante el que conviene estar alerta. Conciliar viene a significar «entra y sal de tu trabajo remunerado (quien lo tenga) a una hora razonable, para poder seguir haciendo tu trabajo no remunerado (hijos, casa, mayores a cargo, &c.) el resto del día», de tal modo y manera que la conciliación viene a significar lo mismo que estar trabajando de sol a sol.


«¿Conciliar para qué?» Blog de el gallo de asclepio

La falta de interés por el significado de las palabras hace que (con más frecuencia de la deseada) se caiga en la desgana de comprender qué implican realmente. Y así, conceptos que deberíamos tener más que claros, principalmente para ser capaces de resolver los problemas que plantean, se transforman en oscuros y confusos.


La conciliación es un buen ejemplo de esto: lo que debería ser un equilibrio entre lo profesional, familiar y personal, se ha transformado en un juego de malabares entre el trabajo fuera y dentro de casa.


Hay motivos más que suficientes para prestar especial atención a las palabras que usamos y que usan. Sea cada cual responsable de decidir hasta dónde quiere llegar.


#Conciliación #Oratoria #Comunicación #Palabras #Hablar #Pensar

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