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Claridad

La claridad es una cualidad deseable para cualquier persona que hable en público. Se podría decir que es imprescindible para que el mensaje se entienda rápidamente y para que, por lo tanto, la comunicación sea fluida. Pero si es, como se dice, tan importante: ¿por qué se pierde en tantas ocasiones? Dos son las razones principales: primera, porque se ignoran las técnicas oratorias, y segunda, porque sencillamente no se desea la claridad.


Sobre la primera de las razones no hay más que decir que la falta de claridad solo se subsana con estudio y práctica.


Con respeto a la segunda, curiosamente, las personas que no son claras de forma deliberada son quienes mejor dominan el arsenal de recursos oratorios. Utilizan todas las herramientas a su alcance para ocultar la verdad, algo contrario, tal y como decía Sócrates, a «un auténtico arte de la palabra».


Son muchas y variadas las formas en las que podemos oscurecer el discurso, pero si aceptamos la palabra de Séneca, que «el lenguaje de la verdad debe ser simple y sin artificios», una de las más populares es, sin duda, la que pone más palabras de las que realmente se necesitan y usa aquellas que son menos comunes.


Cicerón, a quien no se le podrá negar su condición de experto en los asuntos de hablar, ya advertía sobre los peligros de alejarse «del sentido común y del modo usual de hablar»: que no te entiendan. Claro que si lo que se pretende es precisamente eso, podremos abusar de cultismos, subordinadas interminables y exóticos eufemismos.

Estoy segura de que a estas alturas habrán acudido a su mente un buen número de ejemplos de discursos enrevesados y confusos, en los que no se aprecia falta de conocimiento del lenguaje, ni titubeo, ni mala dicción… ¡Todo lo contrario! Técnicamente se podría decir que son perfectos y, sin embargo, no se entienden. Cuando esto les vuelva a ocurrir no piensen que es falta de pericia o poco entendimiento por su parte, piense simplemente que es como decía Schopenhauer «para ocultar la carencia de quien habla de auténticas ideas»:


«Algunos, para ocultar su carencia de auténticas ideas, construyen un imponente andamiaje de palabras largas y compuestas, periodos interminables, intrincadas fórmulas retóricas, expresiones novedosas e inauditas, que dé como resultado una jerga lo más difícil y erudita posible. Con todo esto, sin embargo, no logran decir nada.»

© 2016 por el gallo de asclepio.

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